domingo, 16 de junio de 2013

Nuestra verdadera naturaleza


Capítulo 7




                Alejandro, su padre y su hermano José, llegaban a casa con todo lo comprado, ya eran pasadas las ocho de la noche, comieron unos asados de ternera con papas y ensalada de verduras, se dieron una ducha y cada uno se metió en su cama, estaban  tan cansados, que solo les apetecía dormir. Al poco tiempo su cuerpo se adormecía, comenzó a flotar transportándose al mismo sitio a punto de salir del río, vio una sombra que se aproximaba y se detuvo justo en la orilla del río, le extendió la mano para ayudarle a salir, era Nereida, traía consigo un collar con una estrella de cinco puntas, se la puso en el cuello diciéndole que esa estrella le protegería de toda fuerza que intente impedir que llegue a la cima de la montaña y será decisivo para liberar a Isabel, entonces se sintió con más valor y prosiguió su camino, mientras que la hija del mar se fraccionaba en gotas de agua y el viento la dispersó por el aire, golpeando su rostro, ahora más que nunca con paso firme continuó la marcha.

                En su trayecto veía todo tipo de criaturas vivientes, pequeñas mariposas con cuerpo humano o pequeños cuerpos humanos con alas de mariposas, al fin eran lo mismo, a lo largo del camino pequeñas entidades en forma de seres humanos que irradiaban luz, salían y entraban en las plantas, al verlas se le ocurrió preguntarles quiénes eran, una de ellas respondió, somos Natura el que da vida a las plantas y otra añadió, elaboramos toda clase de sustancias, unas medicinales y otras alimenticias, Alejandro no salía de su asombro, en cada paso que daba, empezaba a ver la vida desde otra perspectiva, más real, con contenido, sustancial, aprendía a captar lo esencial de la vida, para qué venimos a la existencia, comprendía que tenemos que librar múltiples batallas contra nosotros mismos, que lo exterior es un espejo donde debemos mirarnos para saber de verdad quiénes somos, de qué estamos hechos, qué nos pertenece, ya que todo lo demás solo servirá para amargarnos la vida, porque es del tiempo, en cambio, nuestra verdadera naturaleza no tuvo un principio, por tanto, no tendrá un fin, así con cada aprendizaje, comprobaba que sabía menos, que la sabiduría no tiene límites, era algo mágico lo que experimentaba, era abrir de un momento a otro los ojos y darse cuenta, que vivimos ciegos, de una manera equivocada con ansias de poder que al final se convierte en nuestra propia tragedia.

La novela de un creador plástico


Por Diego Vadillo López (Escritor y profesor de lengua y literatura)
Abril 19 de 2012 - Madrid, España



               Orlando Arias es un pintor boliviano que transmite la suavidad y elegancia de su dicción y ademanes a las criaturas que pasan de su temperamento artístico al lienzo.

               Pareciera como si este pintor no lograse resarcirse de esa ralentización a que somete el altiplano, y de ello se beneficia su estilo, habitado por criaturas real-maravillosas en una atmósfera etérea, rica en “sfumatos”, que transcurriera a lo largo de la carretera comarcal que va de Chagall a Diego Rivera.

               Un cosmos de pictórica sensualidad habita la obra de Orlando, quien, no conforme con reunir ya una ingente obra, ha protagonizado una incursión en el mundo de las letras.

               Según me contaba, en realidad, él primero habitó el terreno de la escritura creativa hasta que, en un momento dado, se vio irremisiblemente seducido por la pintura, extremo que no ha sido óbice para que Orlando recale nuevamente en la Literatura. Y lo hace con una novela, “Los sueños de Alejandro e Isabel”, la cual es de rabiosa actualidad, no en vano versa sobre los estragos de una gran crisis económica que genera, merced al apoderamiento de los gobiernos por las grandes fortunas, una terrible brecha social, como ocurre a día de hoy. Pero este panorama no nos es mostrado de manera prosaica, sino a través de dos planos superpuestos, uno de los cuales entronca con universos de sugestión.

               Dos, los que figuran citados en el título, son los que protagonizan la historia tejida por Orlando; dos protagonistas que, ante un panorama aciago en lo económico, contribuyen a una cooperada huida hacia delante especulando con la fantasía y propiciando una inflación de ensueños.


               De fondo queda la esperanza de una sociedad más justa y humana, a imagen de mundos más oníricis y edificantes.




              

El planeta que sueña Isabel


Capítulo 6



                Ramón el padre adoptivo de Isabel, recibía en su casa a un alto funcionario del gobierno, para entregarle una importante suma de dinero a cambio de recibir beneficios para su empresa, que se dedicaba a elaborar derivados lácteos, es así cómo acaparaba la venta de sus productos, ella ajena a todo esto, disfrutaba de las comodidades en medio del lujo donde habitaba. Todas las noches en sus sueños se trasladaba a un planeta fuera de nuestro sistema solar, cuyos habitantes vivían en paz y armonía, poseían una ciencia muy avanzada, no tenían fronteras puesto que era una sola nación, tampoco usaban dinero, por tanto, no existían bancos, ni partidos políticos, no los necesitaban, elegían al más sabio en conocimiento y con mucha bondad en su corazón, a pesar de su corta edad asimilaba sus vivencias en este planeta, al despertar se acordaba de cada detalle, cada palabra y se comunicaba con ellos porque había aprendido su lengua, su estatura media era de dos metros, podían cambiar el color de su piel o ponerla transparente como si estuvieran hechos de agua; sus viviendas eran al mismo tiempo, naves de forma esférica y ovalada como un huevo, se encontraban en cualquier sitio, en la superficie, en el aire, en el mar, dentro del mar. En sus bases interplanetarias, Isabel a veces solía ver llegar a hombrecitos de treinta centímetros y a gigantes de cinco metros de estatura. Las ciudades eran construidas con mucho arte, por doquier se apreciaban edificios que parecían esculturas en movimiento, proyectaban en el espacio como si fueran lienzos tetra dimensionales, obras de gran tamaño y de múltiples colores. Desde muy pequeños eran educados e instruidos de manera individual y especial, desarrollaban sus capacidades creativas de acuerdo con las habilidades que demostraban tener. No existían lo mío ni lo tuyo, todos disponían de todo lo que  producían. Isabel no comentaba nada a nadie de sus sueños, porque sabía que no la entenderían, su mundo era algo único que solo ella comprendía, al despertar, inmediatamente hacía una retrospección de todo lo soñado y lo anotaba en su diario.

Una gran misión


Capítulo 5



               Cuando llegaron al pueblo y pasaban frente a la casa de Isabel, Alejandro tenía muchas ganas de verla para saber cómo se encontraba, ya que en sus sueños estaba presa en un agujero debajo de la tierra en la cima de la montaña, custodiada por miles de serpientes venenosas, motivo por el cual no podía salir ni para mirar la luz del día.

   Una vez en casa después de bañarse y alimentarse, salió con su hermano Marcos, se dirigieron al parque para reunirse con unos amigos donde había un pequeño espacio con una portería, durante el juego, el balón fue a dar al otro lado de la calle, Alejandro se apresuró a recogerlo, tuvo que sortear el paso de los automóviles para no ser atropellado, al cruzar la vía, grande fue su sorpresa de ver a Isabel con el balón en la mano dispuesta a entregárselo, en el momento de recibirlo le dijo que no se preocupara que está en camino su rescate, ella le contestó que no sabía de qué le hablaba, le dio la espalda y se alejó. él dejó de jugar, se sentó en un banco del parque y trataba de entender por qué Isabel ignoraba todo lo que le pasaba en sus sueños, puesto que era tan real como si lo viviera en carne propia, totalmente desilusionado regresó a su casa y ya no continuó con la tarea de rescatarla. Así pasó el tiempo, cumplía catorce años, sus padres le hicieron una fiesta, invitaron a sus amigos más cercanos, entre los asistentes había una dama a la que no conocía, pensaba que vino con alguno de los invitados, al aproximarse para mirarla más de cerca, sintió que el mar le abrazaba y las olas acariciaban su rostro, al situarse frente a ella vio que se evaporaba gota tras gota hasta desaparecer, se dio cuenta, que era Nereida, comprendió que debía acudir a la orilla del mar donde se encontraba con Isabel; esa misma noche, una vez que salió de su cuerpo físico, fue directamente a dicha zona, caminó por encima de las huellas que todavía estaban marcadas en la arena, se sentó en una roca y en completa tranquilidad contemplaba el ir y venir de las olas, suavemente como el murmullo de las aguas y el silbido del viento, comenzó a escuchar una voz diciéndole que Isabel corre peligro y si muere, los mares y los ríos se secarán, dicho esto Nereida emergió del mar y nuevamente le condujo al lugar que lo dejó hace dos años atrás, tenía la impresión que en el mundo de sus sueños el tiempo no ha transcurrido, el recorrido río arriba le fue fácil llegar al sitio que dejó la última vez, la corriente del agua se desplazaba con mayor fuerza, entonces volvió a la lucha más decidido, porque ahora entendía que sobre su espalda pesaba una gran misión.

               Los golpes de la corriente de agua dejaban marcas en su piel, al recorrer cinco kilómetros escuchó que más arriba arrastraba piedras de todo tamaño, para que no le arrastrasen a él también, empezó a buscar un espacio entre las rocas enormes, al tocar una de estas, se abrió un orificio y cayó por un túnel dentro de la tierra, debajo del río, cuando se levantó vio muchas entradas y salidas, no sabía qué dirección tomar, al poco rato escuchaba que alguien le decía que no temiera que solo se dejara llevar por los sentidos de sus pies, es así cómo salió mucho más arriba y prosiguió la marcha, en cada paso que daba notaba que la fuerza del agua disminuía, llegó a un sitio donde todo era tranquilidad, solo se escuchaba el respirar de la naturaleza y el suspiro de un arroyo, el camino que buscaba lo tenía enfrente,  en el momento de salir del río,  sintió que le  cogían del pie, sacó su espada y arremetió contra la mano que le arrastraba, despertó con sobresalto, vio a su hermano José que le estiraba los pies para despertarlo. Después de bañarse y desayunar en familia, salió rumbo al mercado, al pasar por la escuela, Alejandro sintió nostalgia recordando los años que asistió en su pueblo natal siendo más pequeño, en cuyas aulas aprendió a leer y escribir, ahora no asistía a clases porque ayudaba a su padre en la venta de los productos que cosechaban, también compraban otros, como hortalizas, verduras, legumbres y frutas para revenderlos, para ello viajaban por distintos pueblos cercanos, una vez en el mercado, tomó nota de los pedidos que le hacían los vendedores, al salir vio caer a una señora al suelo, corrió en su ayuda, la levantó y le dio su pañuelo para cubrirse la herida que se hizo en la frente, al mirarle a los ojos le preguntó por qué estaba triste, la señora le respondió, que la tristeza acabará con ella si no encuentra a su hija, además le decía que lloró tanto, que sus lágrimas fueron al mar, dicho esto, Raquel con mucha ternura puso su mano sobre la cabeza de Alejandro, le agradeció el gesto que tuvo con ella y se despidió con una sonrisa en los labios, luego con su padre y su hermano José se dirigieron a la parada del autobús para viajar por algunos pueblos y comprar los encargos que le habían hecho, mientras que Marcos y su madre regresaron a casa con las compras hechas.

Primer combate de Alejandro


Capítulo 4



               Alejandro se encontraba solo, no sentía miedo, estaba dispuesto a todo para rescatar a Isabel, sabía que ella era una parte de él y más que nunca decidido a recuperarla, cuando dio el primer paso para introducirse dentro del río, escuchó un estruendoso ruido, vio cómo la tierra se abría para dar paso a un enorme árbol, cuyas ramas le golpeaban impidiendo que siguiera su camino, él desenfundó su espada y arremetió contra su adversario cortándole rama por rama, en el instante que el filo de su espada atravesó la savia del tronco, este cayó desplomado al suelo, para continuar río arriba tenía que recuperar fuerzas, se sentó y apoyó su espalda en una roca, poco a poco se fue durmiendo y en el mundo físico su madre le despertó, a la hora y media salía con su padre y sus dos hermanos mayores, al sembradío de papas que se hallaba a siete kilómetros de distancia, tuvieron que utilizar dos caballos para el viaje por senderos estrechos, en el trayecto José el hermano mayor comenzó a golpear al caballo para que corriera más deprisa, al sentir miedo se agarró de la rama de un árbol y quedó suspendido en el aire, en cambio, Alejandro que iba montado en el mismo caballo cayó al suelo y empezó a rodar en dirección a un precipicio demasiado profundo, a escasos metros del borde alcanzó a sujetarse de un arbusto, Vicente su padre desesperado corrió a su encuentro, extendió sus manos consiguiendo cogerlo de los brazos y transportarle hacia el camino, así pudo salvarle a tiempo, antes de que el arbusto se desprendiera de la tierra por completo, el padre le reprendió a José y le dijo que no cometiera otra imprudencia, Alejandro en voz baja agradeció a Nereida por salvarle la vida prometiéndole liberar a Isabel.

               Después de llenar dos sacos de la cosecha de papas, lo pusieron sobre el lomo de los caballos, se dirigieron a la carretera para regresar a casa, ellos iban a pie, a mitad del trayecto comenzó a llover, tuvieron que resguardarse en una pequeña cueva, cogieron del suelo ramas secas y prendieron fuego, Vicente cavó un agujero donde colocó primero el carbón que ya estaba al rojo vivo, encima un recipiente de aluminio con veinte papas, lo tapó y lo cubrió con tierra, una vez cocinadas se las comieron, el cielo parecía estar muy enojado, caían rayos hasta que se hizo de noche, no tuvieron más remedio que esperar que amaneciera para continuar el viaje. Durante la noche Alejandro fuera de su cuerpo físico se transportó al mismo sitio que se puso a descansar, fue grande su sorpresa al ver que el árbol que le atacó estaba nuevamente de pie, dispuesto a impedir que llegara a la cima de la montaña, entonces desenvainó su espada y tras un intenso combate comenzó a cortar las ramas y clavarle en el tronco atravesando la savia, este cayó fulminado al suelo, para asegurase que no volviera a renacer le prendió fuego, mientras se consumía por las llamas, se dio cuenta, que no era un árbol, sino un animal en forma de árbol.


               Luego de un breve descanso, se metió al río y avanzó en contra de la corriente, tenía que hacer el máximo esfuerzo para no ser arrastrado río abajo, cada vez que tropezaba se aferraba a una roca cercana, después de recorrer dos kilómetros sentía que le flaqueaban las piernas, de pronto despertó sobresaltado porque a escasos metros de la cueva había caído un rayo, ya no pudo dormir, más bien se puso a recordar todo lo vivido en sus sueños, al amanecer prosiguieron camino al pueblo.

sábado, 1 de junio de 2013

La novela del escritor y pintor boliviano, Orlando Arias Morales


Por Eugenia Castaño, poeta y escritora colombiana
Mayo de 2013. Madrid, España




La novela del escritor y pintor boliviano, Orlando Arias Morales, nos introduce en una bella y limpia historia de amor de dos jóvenes, con los agravantes que podemos ver en muchas de las mejores obras literarias como Romeo y Julieta de Shakespeare, o María, de Jorge Isaacs, donde los amantes en un amor juvenil e inocente son separados cruelmente por las circunstancias o por los prejuicios sociales, económicos o políticos y los bandos opuestos que los rodean, quienes aplican toda clase de estrategias para impedir y entorpecer lo que finalmente se consumará, porque como en las famosas obras literarias demuestran la realidad del amor humano que contiene una fuerza más poderosa que cualquier arma inventada por el ser humano.

Orlando Arias, en ese romance nos diseña unos personajes con una fuerza vital, sicológica, social, política y filosófica, dos jóvenes que tienen unas características especiales, quienes comparten un mundo real y un mundo de sueños, en los que tienen una serie de vivencias y experiencias que los orientan a ser los protagonistas de un cambio para la humanidad; en una relación familiar Orlando Arias deja ver el problema de todos los vicios que la aquejan, luego a través de la ficción, nos introduce en los sueños de Alejandro quien tiene que enfrentar unas bestias que son todas las limitaciones humanas y cómo enfrentarlas, en Isabel representa el ideal de la sensibilidad y la inteligencia en una gran combinación para percibir el mundo, y proponer un cambio necesario, con un liderazgo que arrastra propio de una juventud con ideales limpios de intereses creados. Alejandro e Isabel comparten un mundo de sueños, que los une en una meta común. Finalmente nos crea la reflexión de una irremediable tercera guerra mundial, sus consecuencias y un nuevo mundo en el que deja entrever la esperanza, a pesar de toda la maldad y los egoísmos humanos, siempre están sus opuestos, la bondad y el amor como fuerzas poderosas, como solución para una mejor humanidad.

De una forma acertada propone una sociedad distinta, comenzando por un nuevo modelo educativo, político y social, Concluye su novela con una nueva familia, la fuerza poderosa de un amor bien entendido entre un hombre y una mujer que han pasado toda serie de vivencias y aventuras juntos, iniciando con su hijo la nueva humanidad tan ansiada por todos pero en un ambiente especial e inesperado. Orlando va más allá de estereotipos convencionales, como Julio Verne nos transporta a mundos inexistentes para esta época pero no por eso imposibles en un futuro.



sábado, 2 de febrero de 2013

Nereida encomienda a Alejandro rescatar a Isabel


Capítulo 3



               En uno de los sueños de Alejandro, a la hora de la cita, ella no llegaba, tenía miedo de encontrarse solo, hasta que apareció Nereida la hija del mar, le dijo que Isabel estaba prisionera en lo más alto de una montaña y que él era el único que podía rescatarla, le pidió que la siguiera para mostrarle el camino que conduce a dicha montaña, él siguió sus pasos y cuando esta comenzó a introducirse dentro del mar, tuvo mucho miedo, ella le puso su mano en sus ojos logrando tranquilizarlo, una vez dentro del mar, se maravillaba con todo lo que veía, no existían palabras para describirlo, sentía explotar su corazón de emoción, se daba cuenta, que descubría un nuevo mundo más allá de sus pensamientos, más allá de sus sentidos y decía, ¡cómo es posible vivir ciego en la tierra sin saber que existen lugares como este!, si pudiera vivir aquí sería inmensamente feliz, Nereida al oír esto le replicó, el que verdaderamente es feliz, lo es en todas partes.

               El viaje al fondo del mar era una experiencia mágica que jamás olvidaría Alejandro, siguieron por un pasillo rocoso que conectaba a un pequeño lago por donde salieron a un campo descubierto, él no salía de su asombro y se preguntaba, ¿cómo era posible que en el fondo del mar hubiese paisajes parecidos al de la superficie terrestre?, será que estoy soñando, Nereida captaba lo que pensaba y le dijo, estás soñando dentro tus sueños, entonces le preguntó ¿cómo es posible esto?, ella le respondió, el mundo al que perteneces no es todo, es solo la parte exterior de lo real, lo esencial no lo puedes percibir con tus sentidos físicos, necesitas despertar los del alma, si quieres tener existencia real y pertenecer a estos mundos; en tu cuerpo físico está la materia prima que debes esculpir en otras semejantes a ella, ya no solo serás una gota de agua, sino el océano mismo, dicho esto en ese instante atravesaban un bosque de árboles gigantes, de entre las ramas eran observados por unos seres diminutos de cuerpo etéreo y luminoso, quienes extendían sus brazos al infinito, también solían sumergirse en aguas profundas y danzar dentro del fuego, nada les hacía daño, eran amos y señores de la naturaleza, la felicidad personificada. A cada paso que daban, él notaba que adquiría mayor fuerza, después de caminar durante varias horas, llegaron a orillas de un río caudaloso, para liberar a Isabel le explicaba la hija del mar, primero tendrás que andar en contra de la corriente del río hasta encontrar el camino que conduce a la montaña, dicho esto le entregó una espada, le dio la espalda y se perdió en medio del bosque.